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¿Afecta el Síndrome de Wendy a la administración de fincas? La respuesta es sí. Este síndrome, en pocas palabras, significa ‘hacer todo lo posible para evitar conflictos y mantener la armonía entre las personas que nos rodean’. Algo que, aplicado a una comunidad de propietarios, supone una de las tareas más importantes de un administrador de fincas.

Pero ¿Es esto positivo? No, y si no lo controlas, puede convertirse en algo muy peligroso. En este post vamos a plantear algunos ejemplos con los que, probablemente, te sientas identificado.

¿Se puede ser buen administrador de fincas sin sufrir este síndrome?

A continuación, te planteamos 4 situaciones relacionadas con el Síndrome de Wendy que pueden darse a menudo en nuestra profesión:

  1. Para evitar que un vecino insista con llamadas o te moleste en la Junta General de la semana, le envías de nuevo al pintor para que repase su techo. Esto lo haces a pesar de saber que el cliente no tiene la razón y que se ha aprovechado del reparador que ha ido a la comunidad de propietarios.
  2. Un cliente en tu despacho pone una queja a un empleado por una gestión y tú, para evitar conflictos y que se vaya contento, le das la razón en ese momento. Una situación que te lleva a arrepentirte por no haberle dicho las cosas claras y que, además, deja en mal lugar a tu compañero.
  3. Como jefe del despacho realizas las tareas de algunos empleados con el fin de evitar conflictos entre ellos.
  4. Antes de la junta, acuerdas con tus compañeros que esa comunidad supone mucho trabajo y es necesario subir honorarios. Pero llegado el momento de renovar tu cargo como administrador, ni lo planteas para evitar situaciones incómodas.

¿Reconoces este síndrome a lo largo de tu trayectoria como administrador de fincas?

Actuar así puede suponer un problema serio a largo plazo.

Ya sabes lo que dice el refrán: ‘pan para hoy, hambre para mañana’. Y es que, este síndrome te puede solucionar un problema en el momento, pero no es, ni mucho menos, la mejor solución a largo plazo. En relación a los ejemplos anteriores, estos son los motivos por los que dar siempre la razón al cliente puede ser un error:

  1. En este caso, el cliente sabrá que para conseguir lo que quiere solo necesita armar un escándalo y discutir. Además, no deberías olvidar que los proveedores son parte de tu equipo y esta situación le ha costado horas de su trabajo.
  2. Aquí tu capacidad de liderazgo queda en entredicho y tus empleados tendrán dudas sobre si lo han hecho bien o mal.
  3. En esta situación estás cubriendo a un empleado ineficiente frente a otros, por lo que, tarde o temprano, acabará explotando. Apuesta por una buena organización de tu despacho de manera que el reparto de tareas quede perfectamente establecido.
  4. Por último, no plantear esa subida de honorarios cuando es merecida, significa que no estás valorando tu trabajo. Y, si no lo haces tú, imagínate el resto.

Si a todo ello le sumas las horas que te cuesta de trabajo y alguna que otra noche sin dormir, te darás cuenta de que o lo controlas, o el Síndrome de Wendy acabará controlándote a ti. Por este motivo, has de solucionar los conflictos de manera que no se vuelvan a producir. Y, aunque estos enfrentamientos y discrepancias forman parte de la profesión, intenta que te afecten emocionalmente lo menos posible.